El baile de máscaras

¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento. Vigilante. Al mismo tiempo, el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma, el sentimiento de vértigo y el deseo constante de, al menos, estar expuesta, de ser analizada, diseccionada, quizás incluso aniquilada. Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa una mueca .”
Fragmento de la película Persona , de Ingmar Bergman (1966)

Hace unos días subía una breve reflexión a Instagram a propósito de un tema que se me ha metido en la cabeza y que me está restando horas de sueño. Como siempre me ocurre necesito ordenar todas las ideas que tengo. ¿Acaso no tengo un blog para eso? ¿Para escribir sobre lo que me de la gana y domar el batiburrillo de todas las cuestiones que me asaltan? Luego que una persona tenga paciencia para leerlo y le interese es otro cantar. Y ya si remueve alguna conciencia, si toca alguna tecla en alguien y quiere comentar, debatir, compartir su punto de vista… estaré encantada.

Entrando en materia, el tema surgió a raíz de haberme disfrazado por primera vez desde hace años. A pesar de que me fascinan las artes escénicas – o quizás precisamente por eso – es algo que siempre he evitado: demasiada exposición; demasiadas alternativas; encontrar el «why»; ser mínimamente original… Podría decir que reúne todos mis miedos en uno. Era la noche de Halloween y nos juntábamos unos cuantos en casa de unos amigos. Luché un par de días contra esa vocecita que me preparaba excusas para no asistir a la fiesta. Luché contra esa inercia de esconderme y me animé a dejar de darle tantas vueltas, a no ser tan consciente de mí misma, a jugar y divertirme. “Relájate nena, a nadie le importa… ¿no ves que todos están pendientes de ellos mismos, tanto como tú?” me digo.

Ya entre el jaleo, las cervezas y el humo, me sentí bien: “qué gusto – pensé – disfrazarse y liberarse de uno mismo por un rato, jugar a ser otra persona, olvidar el propio papel, meterse en otra piel ”. Observando las caras de excitación tras las máscaras y maquillajes deduje que no era la única que se sentía así de ligera. Así de bien. El “sueño imposible de ser” aliviado por un mero parecer. Sin intención de iniciar aquí una disertación metafísica, es cierto que esta escisión en dos niveles (el superficial o parecer –y que creemos verdadero– y el profundo o el ser – que nunca logramos aferrar) lo viene sintiendo el ser humano desde el inicio de los tiempos y es un tema de lo más común entre filósofos, escritores, artistas…

«Todo lo que es profundo ama la máscara […] Todo espíritu profundo necesita una máscara: más aún, en torno a todo espíritu profundo va creciendo continuamente una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de toda palabra, de todo paso, de toda señal de vida que él da.» De Más allá del bien y del mal – Friedrich Nietzsche

Causalmente (no creo que las casualidades), en los días siguientes, me topé con películas que tocaban el tema en mayor o menor profundidad. Entre ellas, la actualísima Joker (que por cierto aplaudo y recomiendo). Pero parece que  nos encontramos en un tiempo de superficialidad tan exagerada  que percibo que esta distancia entre lo que parecemos y lo que realmente somos aumenta considerablemente. Es decir, nos vamos alejando cada vez más de nuestro yo auténtico en favor de una versión enmascarada, un personaje que creamos. De lo que parecemos o queremos parecer. Y eso nos hace sentir mal, desconectados, deprimidos. No a todo el mundo, ni en la misma medida, claro está, pero son muchos los estudios que analizan el impacto de las redes sociales en los usuarios.

El caso es que, entre películas y reflexiones, me di cuenta de que llevaba bastantes días sin mirar apenas Instagram y Facebooky me sentía de maravilla. No me sorprende porque ya me pasó hace unos años cuando decidí vivir sin ellas durante un tiempo. Pero cuando empecé a poner en marcha mi proyecto musical, era impensable no tenerlas y volví, a regañadientes y con la intención de usarlas “como herramienta de trabajo”. Ya claro. Hasta que me descubro haciendo un scrolling frenético sin ton ni son en cada tiempo muerto; comparándome con gente que no conozco ni me interesa; buscando gustar a mis seguidores o tener más; ¡dudando de mí si los pierdo… “STOP!” –me​ digo– “ ¿Qué haces? ¿Huiste del molde de una vida impuesta, buscando tu verdadera esencia, la autenticidad… para intentar encajar en otro lleno de reglas absurdas, relaciones falsas y vacías? La gente con la que interactúas o a la que sigues… ¿te aporta algo o simplemente admiras su apariencia, su fama o su éxito? ¿Desde cuando valoras a las personas por esos atributos? ¿Qué admiras realmente de las personas? ¿Qué o quién te inspira realmente? Y tú… ¿Te sientes más querida por tener más likes o seguidores? ¿Más válida? ¿Mejor?”.

En estos destellos de lucidez en los que simplemente estoy viviendo la vida que me gusta (esto es, acorde con mis intereses, mis gustos y opiniones, propias y genuinas, y no abandonándome a la corriente de las masas…) me consuelo pensando que, por lo menos, ser consciente ya es un paso. Un paso para acercarme y reconfortarme al calor de mi yo auténtico . Pero, OJO: ¿es eso posible? Porque la cuestión no es simplemente de las redes sociales tal y como las entendemos hoy… estas sólo han magnificado cómo nos relacionamos entre nosotros, cómo vivimos en sociedad. Se trata de la vida en comunidad, de las relaciones humanas. ¿Acaso estando solos y aislados conseguiríamos ser nosotros mismos al completo? ¿Acaso no somos en cuanto a que nos relacionamos con los demás? Y entonces ¿no estaríamos todos interpretando un papel? ¿Quizá sea necesaria una máscara para vivir, para mostrarse al mundo? ¿Para protegerse y encajar? ¿para SOBREVIVIR?

Lo lamento. No tengo respuestas, no creo que las haya. Por mi parte trataré de participar y divertirme en este baile de máscaras, enigmático y lleno de misterios que continuaré explorando, siempre fiel a lo que (yo pienso que) soy… Mientras bailo al son de todas las canciones que me quedan por escribir.

¿No es maravillosa la vida?

Pin It on Pinterest